"Así funciona España, para vergüenza de sinvergüenzas"

UN LIBRO MALDITO, repudiado por librerías y medios de comunicación y con su autor imputado en TRES DELITOS de injurias, por decir verdades demostrables.

Así funciona España, para vergüenza de sinvergüenzas
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     Hubo un amigo que me lo advirtió y lo único que consiguió fue confirmar lo que yo ya sabía: que este libro encontraría dificultades iniciales muy serias para su venta. "Será todo un honor", pensé, "pues, si lo rechazan, tendré una demostración de que las verdades que en él se dicen hacen daño".

 

     Este amigo me dio también la solución; pero no pude aceptarla, porque choca frontalmente con mis principios. Su consejo fue muy claro: "Escribe un libro en el que hablas mal del PSOE y, después, otro en el que hablas mal del PP y venderás muchos; pero si hablas mal de los dos al mismo tiempo, nadie te lo compra". Es evidente que tenía razón; pero, de haber seguido su consejo, ya no sería éste mi libro y yo sería otro Pepe. Si lo publicase para ganar dinero, tal vez le hubiese hecho caso; pero, si lo que pretendo es demostrar a los españoles que España se hunde cada día más en el Tercer Mundo, por la calaña de nuestros dirigentes y la pasividad de casi todos los españoles, tengo que meter a todos en la misma cesta, como si fuesen manzanas, y, después, buscar si hay alguna que no esté podrida y sacarla.

 

    En política, podemos considerar manzana podrida no sólo el que resulta descubierto en actos evidentes de corrupción: no olvidemos que hay muchos casos latentes, hábilmente gestionados, que no se han conocido ni se conocerán, y otros que no se han aclarado ni se aclararán. También son manzanas podridas los ineptos y los que, en vez de prestar un servicio a la sociedad, pretenden embaucarla en beneficio propio con alguna ideología, generalmente obsoleta y perniciosa.

 

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     La primera muestra de rechazo lo protagonizaron algunos medios de comunicación. Al presentarles el libro, han respondido con silencio o con la excusa de que, si lo comentasen en sus respectivas publicaciones, correrían el riesgo de exponerse a alguna querella.

 

     Entre todos los silencios con que se me ha respondido, los más espectaculares han sido los de Intereconomía y esRadio. La calidad de sus tertulias, como consecuencia del elevado nivel de sus tertulianos, hace que todas las noches les conceda unos minutos de atención, antes de apagar definitivamente el televisor y dedicarme a otra actividad más edificante. Como muestra de agradecimiento puse a los mencionados tertulianos en la página de dedicatorias del libro. Considerando un detalle mínimo de cortesía que me veía obligado a cumplimentar, el pasado día 12 de abril dejé en las oficinas de Intereconomía y de esRadio unos sobres con sendos libros, para los señores Antonio Jiménez, Carlos Dávila, Javier Horcajo y Javier Algarra, de Intereconomía, y Jiménez Losantos, César Vidal y Luis Herrero, de esRadio. Por descontado que ni se les pedía ni se esperaba de ellos absolutamente nada más que, por lo menos, una respuesta de agradecimiento, que no se ha producido hasta ahora. ¡Ni eso siquiera! ¡Un silencio total! La causa podría ser que mis comentarios sobre el PP molestan.

 

     En contraste con la merecida y oportuna difusión que se ha dado a la carta dirigida por el ginecólogo gaditano D. Carlos Rubio al Presidente del Gobierno D. José Luis Rodríguez Zapatero (pincha en la "zona roja", si quieres leerla), mi libro no ha merecido ni siquiera una palabra de estas personas a quienes, junto a otras, está dedicado. ¿Por qué? Sospecho que es porque digo y demuestro verdades que tampoco favorecen a Peperío. Y nadie piense que estas manifestaciones son consecuencia de una competitividad pueril con el autor de la carta antes mencionada, a quien considero mi amigo Carlos, con quien mantengo con frecuencia conversaciones telefónicas muy amenas. Se trata simplemente de poner en evidencia una conclusión lógica.

 

     La confirmación de este rechazo me la dio el editor, cuando me comunicó que ninguna librería de Madrid había hecho pedido. Es más: alguna había dicho que estaba escrito por un facha y, claro, lógicamente ese facha soy yo. ¡Y yo, sin enterarme de lo que soy! Incluso ha habido una librería que me ha asegurado que lo vende si alguien lo pide; pero no lo pone en el escaparate. Me recordó los tiempos de Franco, cuando se vendían en la trastienda de las librerías publicaciones extranjeras que criticaban al Régimen

  

     Con el fin de estar completamente seguro de algo que, tanto al editor como a mí, nos costaba trabajo creer, pregunté en la librería de El Corte Inglés y me dijeron que ni lo tenían ni podían pedirlo. Todos estos datos disiparon ya todas las dudas posibles sobre la realidad del rechazo y, al mismo tiempo, hicieron que me sintiese envanecido: por verdades que se dicen en ese libro, el autor se veía imputado en un delito de injurias y la obra estaba sufriendo una especie de secuestro pasivo. ¡Todo un honor!